Una semana de protestas en España por arresto del rapero Pablo Hasél

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A una semana de que comenzaron las protestas por la detención del rapero catalán Pablo Hasél, que cumple una condena de nueve meses de cárcel por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona, el saldo provisional es de 150 detenidos y más de 200 personas heridas, la mayoría de carácter leve.

De los detenidos sólo uno se encuentra todavía en prisión, mientras que el resto enfrentará procesos judiciales por diversos delitos, que van desde hurto, atentado a la autoridad y agresiones.

El séptimo día consecutivo de protestas por el encarcelamiento del cantante transcurrió con más calma que los anteriores. Unas 400 personas marcharon por la capital catalana, Barcelona, donde sólo hicieron una parada en el edificio de la Jefatura Provincial de la Policía Nacional, en la Vía Laietana, donde estuvieron durante media hora arrojando todo tipo de objetos, como piedras, botellas, adoquines y vallas metálicas, y gritando consignas a favor de la liberación del rapero.

También insultaron a los agentes, a los que llamaron constantemente “perros”, “hijos de puta” y “asesinos”, además de gritar lemas a favor de la organización armada catalana desaparecida en los años ochenta, Terra Lliure.

Los manifestantes, la mayoría jóvenes vinculados a organizaciones antifascistas de extrema izquierda, volcaron algunos contenedores, macetas y motocicletas de particulares, si bien en esta ocasión no les prendieron fuego, como sucedió en los últimos días. Tampoco hubo saqueos porque la policía autonómica catalana activó un fuerte dispositivo de seguridad en la zona de Paseo de Gracia, donde se encuentran las tiendas de lujo que han sufrido la mayoría de los saqueos durante las protestas.

Desde el inicio de las movilizaciones, en todo el país se han detenido a 150 personas, de las cuales 108 en Cataluña. Todos, menos un joven que sigue en prisión, están en libertad.

En cuanto a los daños, las autoridades calculan que ya superan el millón y medio de euros, además de los ataques a edificios históricos considerados patrimonio de la ciudad, como el Palau de la Música, en donde los manifestantes destruyeron hasta 14 vidrieras y graves daños en la fachada.

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