Tregua al cierre de cementerios por el Día de las Madres permite «reencuentros»

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Los cinco cementerios de Mérida que abrieron sus puertas con motivo del Día de la Madre recibieron una visita constante durante el horario permitido , de 8 de la mañana a 4 de la tarde,  y se espera que mañana continúe la misma afluencia.

El prolongado cierre de los cementerios por causa de la pandemia del coronavirus y la ausencia de las familias en los campo santos ocasionó que las tumbas, osarios y criptas estuvieran cubiertas de maleza, de hojas secas, de falta de pintura, floreros sin arreglos florales y sin veladoras que acompañan la visita a las sepulturas de los difuntos en las ocasiones especiales.

El subdirector de Servicios Generales del Ayuntamiento de Mérida, Arturo Antuña Silveira, informó que en el Cementerio Xoclán habían ingresado poco más de un millar de personas de 8 a 11 de la mañana.

Afluencia constante en los cementerios de Mérida

La afluencia tuvo un flujo constante durante el día en los cinco panteones de la ciudad y las familias llegaron de manera ordenada, respetaron las normas de sanidad y vialidad y pasaron por el arco desinfectante que instalaron en la calle principal de Xoclán para prevenir posibles contagios de coronavirus.

El subdirector recordó que los cementerios se cerraron por la pandemia en marzo de 2020 y reabrieron unos días en noviembre con motivo del Día de Muertos. Asimismo, informó que por instrucciones del alcalde, Alejandro Ruz Castro, abrieron este domingo 9 y lunes 10 de mayo para darle oportunidad a las familias que visiten a sus difuntos en el Día de la Madre.

“Vemos que están limpiando las bóvedas donde yacen los restos de sus difuntos”, comentó el funcionario municipal. “El flujo es constante y están abiertos los cementerios General, Jardines de Paz, Panteón Florido, Xoclán y Chuburná, en Mérida, y los cementerios de las comisarías”.

Semáforo amarillo

Antuña Silveira, quien estuvo al frente del grupo de trabajadores municipales que aplicó el protocolo sanitario en Xoclán, recordó que el semáforo epidemiológico covid de Yucatán es de color amarillo y el Ayuntamiento evaluará con estas aperturas programadas si hay las condiciones para abrir gradualmente los cementerios.

Por lo pronto, hoy, cuando concluya el horario de visita por el Día de la Madre volverán a prohibir las visitas.

Los cementerios sólo darán servicios funerarios y administrativos, como lo que hace desde que inició la pandemia.

Historias de visitas

Como ocurre en cada visita a la tumba de un difunto, sus familiares rezan oraciones y cuentan las tristes penurias que viven, por lo que dejan correr sus lágrimas. Eso se vio en dos bóvedas de Xoclán.

“La otra semana es tu cumpleaños (el 17 de mayo). Te nos fuiste muy pronto, no asimilamos tu partida querida madre”, narró una de las dos hijas de Nelsy Rejón Moreno, quien falleció a los 63 años de edad y ya lleva un año de ausencia.

“Aprovechamos que abrieron el cementerio para venir a visitarte, no habíamos venido por la situación de la pandemia, pero sabes que todos los días estas en nuestro corazón, todos los días vives en nuestro corazón, no necesitamos venir a tu tumba a llorarte”, relató la joven mujer entre llanto apenas depositó dos ramos de flores y prendió las veladoras en el osario. “Queremos sigas viendo por todos tus hijos desde el cielo, que nos guíes, que nos des sabiduría para afrontar esta vida, que entre hermanos no nos estemos peleando, que vuelva a ver esa unión cuando tu estabas. No sé qué pasó, solo sé que apenas te fuiste todos los hermanos se distanciaron (son 5 hijos), siento que cada quien vive su vida, viven su duelo a su manera, pero no debe de ser, debemos estar unidos y los hermanos se han distanciado”.

En otra sección de Xoclán, Rosita Araujo Molina y su hija, recogieron las hojas secas que cubrían la tumba, arrancaron con una coa las yerbas y colocaron un arreglo floral. Ellas no lloraron, sino que rieron cuando reprodujeron un vídeo de un teléfono celular cuando su mamá estaba con vida, se mecía en su hamaca y veía una película de su amor platónico: Pedro Infante.

“Mi mamá tenía 79 años de edad cuando falleció de embolia. Estaba muy enferma y falleció cuando iniciaba la pandemia. Le gustaba cantar la canción El venadito, de Pedro Infante, y aunque no hablaba por su mal, siempre movía sus brazos cuando oía esa canción”, contó Rosita Araujo. “A ella le encantaban las flores, su cuarto parecía florería porque la llenaba de flores. También le gustaba mucho los perfumes y el refresco coca cola. Todavía la oigo en la casa, veo su sombra, creo que soy especial porque siento que me llama”.

Rosita contó que su madre Gladys Elvira Molina Vega fue una de las personas privilegiadas que conversó con Pedro Infante, cuando el famoso actor vivía en Mérida.

Dice que su madre le contó que ella tenía 10 años de edad, vivía por el rumbo de la colonia Mayapán, y por allá visitaba a una muchacha Pedro Infante.

Como era un joven muy “bonito” y agradable, espiaban el momento en que cruzaría el famoso personaje. Ya sabían el día y la hora que pasaba y se sentaban a ver que pasara, ella y su hermana de 16 años. A su edad se sentían enamoradas de Pedro Infante, pero guardaron ese secreto. Era tal la costumbre de verlo pasar, que varias ocasiones el cantante y actor las empezó a saludar y una ocasión se detuvo ante ellas, les preguntó como estaban y les obsequió un racimo de plátanos.
Y ese momento quedó grabado en su madre y la acompañó hasta su muerte.
una persona alegre,

“Mi madre sabía todas las canciones de Pedro Infante. Tenía un cuadro con la foto de él y le ponía flores al retrato”, contó Rosita. “Una vez le pregunté por qué le pone flores al retrato y me contó la historia, fue una de las que tuvieron el privilegio de conocer en persona y conversar con Pedro Infante”.

Cada mes visitaba su tumba, pero con la pandemia sólo va cuando abren el cementerio Xoclán y le lleva flores que tanto le gustaba a su madre.

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